El 7 de febrero quedó grabado para siempre en mi corazón.
El lanzamiento de El manto que me cubrió en el Colegio San Tarsicio fue mucho más que la presentación de un libro: fue un encuentro de vida, memoria, amor y gratitud.
Más de 200 personas me acompañaron en una tarde mágica e inolvidable, llena de risas, aplausos, lágrimas, emociones profundas y momentos que tocaron el alma. Además, armonizó con la celebración de mis 50 años, haciendo de esa fecha un regalo aún más especial.
El conversatorio estuvo acompañado por mi querida amiga, escritora y exministra de Cultura, Paula Marcela Moreno, quien con su sensibilidad, generosidad y cercanía hizo de este espacio una experiencia aún más significativa. También estuvieron presentes profesores, educadoras y personas que hicieron parte de las instituciones donde crecí y que hoy forman parte de esta historia. Me acompañaron miembros de la familia de mi esposo, amigos muy especiales, vecinos de los dos lugares en los que he vivido después de casarme —Salitre e Icatá—, así como hermanas de la vida que compartieron conmigo aquellos años de internado, aprendizaje y formación.
Fue especialmente emotivo sentir el respaldo de tantas familias del Colegio San Tarsicio, institución donde estudian mis hijos. Su presencia, cariño e interés por acompañarme en este momento tan significativo fueron una muestra de generosidad que llevaré siempre en mi corazón. Ver a tantas personas de esta comunidad educativa reunidas alrededor de una historia de vida fue un regalo inmenso.
Agradezco de manera especial al rector, Juan Antonio, y a Claudia Malagón, directora administrativa, por su acogida, apoyo y confianza para hacer posible este encuentro. Su respaldo, junto con el de toda la comunidad educativa, contribuyó a que esta celebración se convirtiera en una experiencia profundamente significativa e inolvidable.
Estuvieron mi querida hermanita Mirta, mi mamá de hábito, mis hijos, mi esposo y, como uno de los momentos más emocionantes de la jornada, mi madre. Su compañía fue una sorpresa maravillosa y un regalo para el alma, especialmente porque su historia y la mía están profundamente entrelazadas en estas páginas.
Fue profundamente conmovedor recibir a personas que viajaron desde Armenia, Cali, Cogua, Sibaté, Fusagasugá y Medellín para acompañarme. Cada una hizo un esfuerzo especial para estar allí, convirtiendo esta celebración en una verdadera muestra de afecto, amistad y apoyo.
La tarde estuvo acompañada de música, palabras llenas de afecto, entre ellas las de María Victoria, nuestra maravillosa maestra de ceremonia, quien condujo el encuentro con sensibilidad y cariño. Hubo conversaciones entrañables, deliciosos pasabocas y el cafecito preparado por Rubielita, un ser humano increíble que puso en cada taza el mismo amor con el que nos acompañó durante la jornada. También quedaron inmortalizados momentos muy especiales gracias a las fotografías de Marianita, una joven emprendedora y talentosa que supo capturar la esencia de cada abrazo, cada sonrisa y cada emoción compartida. La tarde culminó con una larga y emotiva firma de libros que me permitió conversar, agradecer y compartir un momento único con cada persona que hizo parte de este día inolvidable.
Cada abrazo, cada palabra y cada manifestación de cariño hicieron de este lanzamiento un cúmulo de encuentros y reencuentros que jamás olvidaré. Fue un espacio donde afloraron recuerdos, emociones y, sobre todo, la certeza de que nunca caminamos solos cuando hemos sembrado amor a lo largo de la vida.
Gracias a todos los que hicieron posible esta tarde tan especial. El manto que me cubrió ya no es solo mi historia; también pertenece a cada persona que la abrazó con el corazón, que se reconoció en sus páginas y que hizo suyo este viaje de memoria, resiliencia y esperanza.
