FILBO 2026

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La FILBo 2026, realizada del 21 de abril al 4 de mayo y con India como país invitado de honor, quedará para siempre como una de las experiencias más emocionantes, enriquecedoras y transformadoras de mi vida.

Tuve la oportunidad de estar presente en el stand de la Gobernación del Tolima de la mano de la editorial Nous Book, acompañada por Juanita Restrepo, mi editora, a quienes agradezco profundamente por su apoyo, confianza y por creer en El manto que me cubrió. Fueron días intensos, llenos de encuentros, aprendizajes y emociones. Ver cómo los libros se agotaban, cómo los lectores se acercaban a escuchar, preguntar, compartir sus propias historias y conectar con la mía fue simplemente maravilloso y conmovedor.

La feria me permitió descubrir de cerca la inmensidad del universo literario: autores, editoriales, lectores, conversaciones, lanzamientos y miles de historias convergiendo en un mismo lugar. Cada día fue una oportunidad para aprender, crecer y comprender la importancia de la palabra escrita como vehículo de memoria, transformación y esperanza.

Uno de los momentos más especiales de la FILBo fue, sin duda, el lanzamiento de El manto que me cubrió el sábado 2 de mayo en horas de la tarde, en el stand de la Gobernación del Tolima. Fue un encuentro lleno de emoción, cariño y gratitud, donde la presencia de tantas personas queridas convirtió ese espacio en algo mucho más grande que una simple presentación de un libro.

Allí estuvieron mi familia, mis amigos y personas que han sido fundamentales en mi historia de vida. Me acompañó mi querida monjita Mirtha junto a su comunidad de Palermo; la hermana Beatriz; Carolina; y la comunidad de Petaluma con la hermana Odilita. También estuvieron Macana y Marianita, siempre atentas, tomando fotografías y procurando no perderse un solo detalle de aquel momento tan especial.

No podía faltar Tere de la Torre, acompañada por Javier, así como varias amigas y exalumnas del Campestre, quienes hicieron parte de diferentes etapas de mi vida y quisieron estar presentes para celebrar este sueño hecho realidad. También estuvieron Inesita junto a sus hijos; Rubielita; José; y María Isabel, exalumna de Promoción Social, con quien vivimos uno de esos momentos que solo las historias hacen posibles: descubrir que el libro la había llevado de regreso a una autora que ya conocía su esposo, sin siquiera imaginarlo. Estuvieron también Óscar Bernal, a quien después de mucho tiempo tuve la alegría de reencontrar; Nancita Rocha; Jhoncito y su hija; y tantas otras personas queridas que hicieron de ese encuentro una verdadera celebración de la amistad, la memoria, los reencuentros y los afectos que han acompañado mi camino a lo largo de los años.

Aunque el espacio físico era reducido, eso nunca fue un impedimento para que todo fluyera de manera natural y maravillosa. Por el contrario, la cercanía hizo que el encuentro fuera aún más cálido, más íntimo y más auténtico. Entre abrazos, sonrisas, recuerdos y palabras cargadas de emoción, se creó una atmósfera mágica que parecía envolvernos a todos.

Fue uno de esos momentos en los que se siente que una historia deja de pertenecer únicamente a quien la escribió para convertirse también en la historia de quienes la han acompañado, la han vivido y la han hecho posible. Allí entendí que El manto que me cubrió no solo estaba siendo presentado; estaba convocándonos a todos a dejarnos contagiar por la esperanza, a dejarnos abrazar por la historia y a reconocernos en ella.

Uno de los regalos más valiosos de esta experiencia fue compartir con los autores de éxito de la comunidad liderada por Alexandra Castrillón, quien organizó cada encuentro con excelencia, generosidad y un profundo sentido de comunidad. Fue muy especial acompañar a otros escritores en sus lanzamientos, conocer los caminos recorridos detrás de cada libro, descubrir las luchas, los sueños y la valentía que habitan en cada historia publicada.

El encuentro en la Cámara de Comercio de Chapinero nos permitió ir más allá de los libros. Allí compartimos experiencias de vida, nos reconocimos en las historias de los demás y entendimos que detrás de cada autor existe un ser humano que decidió convertir sus vivencias en palabras. Posteriormente, en el stand de Utrilla, los autores de la comunidad de autores de éxito tuvieron la oportunidad de presentar sus obras, dialogar con los lectores y extender una invitación a descubrir cada una de nuestras historias. Conocerlos, escucharlos y caminar junto a ellos en esta experiencia fue realmente extraordinario.

En medio del movimiento constante de la feria, de las multitudes, de las conversaciones espontáneas, de los abrazos y de los reencuentros, tuve la alegría de volver a encontrarme con mis hermanas del alma, Ximena, Galis y Amesquitonga, quienes llegaron acompañadas de sus familias para compartir conmigo este momento tan especial. También me emocionó la presencia de Camilito, sobrino de Mirthis, junto a su esposa Claudita y sus hijos, así como de amigas y personas queridas que, con su compañía y cariño, hicieron de esta experiencia algo aún más significativo.

Entre encuentros inesperados, sonrisas, fotografías, abrazos y palabras que nacían del corazón, comprendí aún más la importancia de estos escenarios que permiten que las historias encuentren su lugar en el mundo y lleguen a las manos y al corazón de quienes más las necesitan. Porque, al final, las historias no solo se leen; también nos reúnen, nos reconectan y nos recuerdan los lazos que nos unen.

Hoy siento que El manto que me cubrió ya no solo me cubre a mí. Con cada lector, con cada abrazo, con cada palabra compartida y con cada historia que se ha unido a la mía, ese manto se ha hecho más grande.

Y quizás esa sea la mayor enseñanza de este camino: comprender que cuando una historia se cuenta desde el corazón, termina abrazando el corazón de muchos más.

El manto que me cubrió ya no es solo mi historia; hoy nos está cubriendo a todos.

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