La presentación de El manto que me cubrió en Fusagasugá se dio en medio de una tarde llena de afecto, memoria y reencuentros. El encuentro tuvo lugar en la productora audiovisual International Focus Film de Adriana González, artista, amiga y exalumna de Promoción Social, quien nos abrió las puertas de su espacio con la misma generosidad, sensibilidad y calidez que la caracterizan.
Allí nos reunimos cerca de treinta personas entre amigos, profesores del Promoción Social, nuestro internado de adolescencia, compañeros de la Pastoral Juvenil y seres queridos que han hecho parte de nuestra historia. Fue muy especial reencontrarnos con Clarita, esposa de nuestro querido profesor Rafael; con la profesora Luz Marina Cafiero, siempre cercana, cariñosa y presente; con Luz Marina, profesora y gran amiga de Mirian Doris, hermana de la monjita Mirtha, cuya elegancia y calidez siguen siendo inconfundibles; con Stellita, amiga entrañable y trabajadora del Promoción Social durante tantos años; con Luz Dary, compañera de la Pastoral Juvenil, con quien compartimos experiencias que aún permanecen vivas en nuestra memoria; y con Esmeralda, escritora y psicóloga, una mujer sensible, cálida y profundamente humana.
Cada presencia tenía un significado especial. Entre conversaciones, abrazos, sonrisas y recuerdos, todos logramos sentir el calor y la acogida con los que nos abriga ese manto que nos cubrió y que, después de tantos años, continúa uniendo nuestras vidas.
Fue una tarde fantástica acompañada por mi querida monjita Mirtha, por su hermana Mirian Doris y su hija Heidy Paola; por Claudita Galeano con su familia y amigos, aportando su alegría y generosidad de siempre; y por Macana, nuestro fotógrafo elegido, quien supo capturar con sensibilidad la emoción, los abrazos y la felicidad que marcaron cada momento de la jornada.
No paramos de hablar del libro, de nuestras historias, de los recuerdos compartidos y de todo aquello que nos une. Adrianita, como anfitriona, lo hizo increíblemente bien. Su amor por la vida, el arte y por Fusagasugá se reflejó en cada detalle, haciendo que todos nos sintiéramos en casa.
La tarde pasó volando y, como en los viejos tiempos, terminé compartiendo la noche con mi monjita Mirtha, Miriencita y Heidy, prolongando conversaciones, recuerdos y risas que parecían no tener fin.
Al día siguiente disfrutamos de un delicioso desayuno en el mercado orgánico que lidera Claudita. Allí estuvimos acompañados por Adrianita y por mi querida profesora Gloria Achury. Fue un espacio perfecto para seguir recordando, conversar sobre el libro y agradecer por tantos años de amistad, enseñanzas y afecto.
El tiempo corrió más rápido de lo esperado y el regreso a Bogotá pareció más corto gracias a la nueva autopista. Compartir el trayecto con mi monjita Mirtha y con Macana fue el cierre perfecto para un viaje que me llenó el corazón.
Fusagasugá se sintió más cerca que nunca. Tal vez porque los lugares donde habitan los afectos, las historias y los recuerdos siempre encuentran la manera de permanecer cerca de nosotros.
Y porque, una vez más, El manto que me cubrió nos regaló algo que va mucho más allá de un libro: la oportunidad de reencontrarnos, abrazar nuestra historia y confirmar que los vínculos construidos desde el cariño y la gratitud siguen vivos, sin importar el paso del tiempo.
